La vida de Agnes cambió una tarde-noche. Después de tres años la vida sigue pero ella es distinta.
Una película preciosa y luminosa que narra una agresión sexual y sus consecuencias. Y lo hace desde un punto de vista femenino y respetando los tiempos y las sensaciones.
Muy cinematográfica la forma que tiene la directora de contarnos la escena de la agresión sin que veamos nada. El baño, tan metafórico, y como Agnes le cuenta, como puede, lo que le ha pasado a su amiga Lydie. La visita al ginecólogo, el lenguaje, las lecciones, todavía hay tanto que enseñar y aprender. La denuncia en su lugar de trabajo y la reacción. Tanto que seguir luchando. Y cómo Agnes intenta seguir viviendo.
Una escena también muy bonita y esperanzadora la que tiene con el vendedor de bocadillos. Preciosa. Y la escena final.
Una película para hacernos pensar, para reflexionar sobre las agresiones, sobre lo que se le exige a la víctima, sobre cómo una se siente, cada una de una forma y todas válidas.
Y todo en un tono de tragicomedia que le va muy bien con Eva Victor dirigiendo y a la vez delante de la cámara. Estupenda.



