Gracias a su profesión de fotógrafa entró en contacto con el mundo del arte. Durante un tiempo Carolina se dedicó principalmente a la fotografía artística.
Comencé tímidamente a pintar porque quería descubrir las posibilidades del pincel. Antes siempre coloreaba fotografías que luego se convertían en obras llenas de encanto, pero quería ir más allá, plasmar una escena partiendo de nada. Pronto se identificó con el que es ahora su estilo, el cual no sé muy bien como definir, confiesa Carolina, hay quien lo llama retro-kitsch, naif, pop… creando obras llenas de color y fantasía donde las mariposas, gatos, ciervos y flores comparten espacio con divertidos personajes femeninos.